martes, 20 de octubre de 2009

Un niño entre los Toros, la Guitarra y el cante

Camarón estaba predestinado a cantar, pero sus preferencias iniciales eran otras, lo que de verdad le gustaba al joven “Pijote” era el toreo. Quería ser torero y llegó a torear en algunos tentaderos, llegando, incluso, a tener un traje de luces, que se pasaba el día planchando. El hecho de que la fragua en la que trabajaba su padre, estuviera al lado mismo de la plaza de toros, impulsó, sin ninguna duda, la afición de José por la tauromaquia. Con diez u once años se escapaba detrás de las vaquillas y desaparecía tres y cuatro días de su casa, sin que nadie supiera donde estaba. La familia conocía el paradero de Pijote, únicamente, cuando volvía con toda la ropa destrozada, por los revolcones, provocados por las vaquillas.

Su segunda afición era la guitarra, cuando no levantaba dos palmos, se escapaba al bar de un vecino, solo para que le dejase tocar una guitarra de verdad. Lo mismo le ocurría en la Venta de Vargas, lugar en el que aprendió a tocar. Finalmente con el paso de los años y el éxito, Camarón llego a tener una fabulosa colección de guitarras, que le hizo resarcirse de aquellas dificultades que tenía para hacer lo que más le gustaba, tocar la guitarra.

Pero José bien sabía que lo suyo era el cante, así muchas de las fiestas a las que acudía para intentar tener una oportunidad frente a los astados, terminaban siendo un perfecto escaparate para demostrar su temprana sabiduría del cante, como demostró en la Venta de Vargas cuando con tan solo 8 años dio una pequeña lección de conocimiento de estilos y palos flamencos, a los asistentes. En las fiestas le daban dinero y comida, por lo que vio un camino, mucho más fácil y agradecido, que el que le esperaba con la muleta y los palos.

Libro de la colección "TODO CAMARÓN", Editorial Altaya.

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